Hola Fontaniller@s:

Hoy empezamos con una cita histórica, “El agua es imprescindible para la vida, para satisfacer las necesidades placenteras y para el uso de cada día”  Esto lo dijo Vitrubio, en sus 10 libros de arquitectura, y nos da pista de lo importante que fue para los romanos el tema del  agua. Viendo esto, hoy me he decidido a volver a la historia y hablaros sobre los romanos y el agua.
los romanos y el agua

Realmente desde el principio de la existencia del hombre, el agua ha sido uno de los ejes fundamentales en los que se ha basado el desarrollo de cualquier asentamiento, ciudad o cultura. Así existen restos de obras hidráulicas en las culturas egipcia, mesopotámica, griega o china, pero, sin duda, ninguna llegó a igualar la destreza con la que los romanos consiguieron captar el agua, tratarla,  distribuirla y eliminarla una vez usada.

Los romanos y el agua

La ingeniería civil romana se llevó a  cabo de manera que aún hoy  se les tilda como los mejores ingenieros de la antigüedad, habiendo dejado un gran patrimonio por todo el territorio que ocupó su vasto imperio. En términos generales, no se puede decir que fuesen magníficos inventores, ya que en sus edificaciones emplearon técnicas constructivas muy simples, el trabajo de los esclavos y mucho tiempo. En lo que respecta a la gestión de las aguas, consiguieron canalizarla hasta los puntos de consumo, elevarla a los edificios y fuentes, repartirla por los campos, etc.

El suministro a pueblos y ciudades lo ejecutaban tomando el agua de fuentes naturales, ríos, pozos, lagos, etc. que  cumplían los requisitos de calidad implantados en aquella época, más por sentido práctico e intuición sanitaria que por sus escasos conocimientos químicos y, por otro, asegurasen caudales de agua suficiente.

Sólo hay que ver  que  con la caída del Imperio Romano y el principio de la  Edad Media, la ciudad de Roma se abasteció de nuevo y, tras más de mil años, de las aguas contaminadas del Tíber, lo que ocasionó múltiples problemas de salud, hasta que los papas del Renacimiento mandaron reconstruir los acueductos que abastecían de agua limpia a la ciudad.

Los acueductos

acueducto

Mediante este tipo de construcción preservaban el agua de la luz, el calor y de posibles contaminantes externos, llegando las aguas intactas a su punto de destino.
Otras construcciones que le siguieron fueron;  el de Pont du Gard en Nimes, el acueducto de Segovia….

Durante el momento de mayor apogeo de Roma, la ciudad contaba con abundante agua limpia y fresca, de tal modo que las crónicas de aquel entonces cuentan que, en la época de Nerva, llegaban a Roma 1.500.000 m3/día de agua a través de 9 acueductos, aproximadamente 370 l/hab/día, cifra que no alcanzan muchas grandes ciudades actuales. En el año 410 dc, no lejos de su caída, la ciudad es abastecida por once acueductos.

Cómo se repartía el agua

Según el libro De Aquis Urbis Romae de Sexto Julio Frontino, quien fue Procurator Aquarum de Roma, de 97 a 104 aC, el uso del agua se repartía del siguiente modo:

  • 17% para el emperador.
  • 39% para uso privado.
  • 3% para los cuarteles.
  • 24% para los edificios públicos.
  • 4% para los teatros.
  • 13% para las fuentes.

Estos datos se conocen porque ya en aquel entonces toda el agua era aforada, empleando como unidad básica la quinaria, que más tarde se adoptó en Francia bajo el nombre de pulgada fontanera, en Italia como onza y en España como real fontanero.
Una vez en las ciudades, el acueducto desembocaba en depósitos urbanos,  utilizados para regular los consumos punta o estacionales y como filtros de arena. Desde estos partían unas tuberías construidas en barro cocido o plomo hacia pequeños depósitos, ubicados estratégicamente por la ciudad desde donde se establecían las distintas acometidas con su respectivo aforo hacia los distintos puntos de consumo.

Aguas residuales

aguas residuales

Por otro lado, los romanos también resolvieron perfectamente la eliminación de aguas sucias mediante una red de colecta o saneamiento. La primera que se construyó, la Cloaca Máxima, se basó en los canales de drenaje y desecación de terrenos que los etruscos construyeron en las zonas inundables de los valles situados entre las colinas para su traslado al Tíber.
Las primeras obras se realizan hacia el 520 aC bajo el mandato de Tarquinio el Soberbio, consistiendo en mejora de los canales existentes sobre los que posteriormente se realizaron modificaciones hasta acabar siendo un conducto subterráneo con una bóveda de cañón con dovelas de piedra, con una altura entre 2 y 10 metros, del que se conservan todavía algunos restos.

La red de cloacas, palabra derivada del verbo latino colu; limpiar, se completó con colectores que discurrían a lo largo de las calles, bajo las aceras o junto a los bordillos, independientemente de la red de abastecimiento. Su limpieza se aseguraba con los excesos de agua transportados por los acueductos que descargaban directamente en estos. Consistían en conductos enterrados a poca profundidad con una sección que se incrementaba según se incorporaban las acometidas. En los primeros tramos intercalaban registros verticales para la inspección y, los últimos ramales, consistían en galerías subterráneas visitables cubiertas con bóveda.
Recogida del aguas pluviales
Se completaba la red de saneamiento con la instalación de aliviaderos por todas las calles de la ciudad destinados a recoger todas las aguas de lluvia.

Además de esto, la ciudad contaba con una serie de instalaciones públicas y privadas donde se empleaba toda el agua suministrada; desde el uso en viviendas, al suministro de las más de 1.200 fuentes públicas, las 11 termas imperiales o los 937 baños públicos que existían en el 400 dc; una gran obra de ingeniería que hoy en día sorprende por su magnitud, calidad y eficacia.
Esperamos que os haya gustado esta pequeña reseña histórica sobre los romanos y el agua.

Un saludo y hasta la próxima Fontaniller@s

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